miércoles, 19 de diciembre de 2012

Ser nocturno

Él está sentado, pensando y esperando a la vez. No sabe qué piensa ni qué espera. Ella está llorando, le duelen el silencio y lo que va a pasar. Él tomó sus cosas sin emitir sonido alguno. Las palabras no salieron y nunca se comprendería.

Ella lo odió por unos minutos. Luego se forzó a comprender, se puso en lo que quiso que fuera su lugar. Según el viento, sigue llorando. Él caminó solo, el tiempo se detuvo y sus oídos dejaron de funcionar; el vacío es un mapa difícil de interpretar. Llegó a la estación y prendió un pucho que nunca le diría nada. Se hacía de noche.

Antes de la última pitada se largó a llorar. Sospechó que los días tampoco querrían amanecer sin esos ojos.

2 comentarios:

  1. Tan bello como triste.
    Ojalá se hayan despejado las sospechas y la pena, para que la claridad traiga mayor felicidad a esa historia.
    Saludos.

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  2. En lo personal, extraño leerlo enamorado.

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